Conclave Pajaril

O el Juicio de la Mayordoma

The Feathered Conclave
El Cónclave Emplumado, o Del Juicio de Su Mayordomía

Juntáronse las aves en solemne cónclave para tratar de los asuntos tocantes a su servidora. Eran muchas las quejas: que si el reparto de semillas no guardaba siempre el debido orden; que si el desayuno llegaba a destiempo; que si las fuentes de agua padecían ocasionales olvidos; y que si la administración general del estado aviario dejaba algo que desear.

Fue entonces cuando el señor Arrendajo Azul propuso que el asunto fuese elevado a una Autoridad Superior, acaso la Señora Lechuza, conocida por su sabiduría y sus vigilias nocturnas.

Mas el señor Toti, ave grave y amiga de reglamentos, opuso reparo.

—Conviene, antes de toda apelación, hablar con Su Mayordomía. Para algo existen los procedimientos.

Levantóse entonces grande algarabía. Los gorriones parloteaban todos a una; las tórtolas arrullaban; los grackles protestaban; y el Arrendajo reclamaba orden sin lograr alcanzarlo.

Cuando más encendida estaba la disputa, un diminuto gorrión, que hasta entonces había guardado silencio, alzó una ala.

—Quizá tenga ella mi mismo mal.

Volviéronse todos hacia el pequeño.

—¿Y qué mal es ése? —preguntó el Arrendajo.

—Que a veces no puedo dormir.

Calló el Parlamento.

Miró el Arrendajo al Toti. Miró el Toti a la familia de las tórtolas. Miraron las tórtolas a los gorrioncillos. Y poco a poco fue extendiéndose por la asamblea un rumor de inquietud. Porque, si aquello fuese verdad; si la servidora padeciese el mal de la Vigilia; si sus faltas no naciesen de negligencia sino de cansancio, entonces el caso debía ser examinado bajo nueva luz.

La posibilidad turbó a todos pues aunque las aves gustaban de murmurar contra su servidora, lo cierto era que le habían cobrado sincero afecto.

Suspendióse la sesión y fue nombrada una Comisión para el Estudio del Sueño Humano. Como presidenta se eligió a la señora Tórtola Eurasiana, por parecer que dormía veintidós horas al día y poseer, por ello, autoridad indiscutible en la materia.

Las observaciones tuvieron lugar durante tres soles, y los hallazgos resultaron alarmantes.

Comprobóse entonces que la servidora despertaba en medio de la noche. A veces deambulaba por la casa. A veces contemplaba rectángulos luminosos. A veces se entregaba a hondas preocupaciones. Y a veces permanecía sentada en silencio mientras el mundo entero dormía a su alrededor.

Regresó la Comisión con su informe y las conclusiones fueron unánimes. No era que la servidora fuera perezosa o negligente.

Otra era la verdad, pues la mujer que ellos habían escogido para cuidarlos y alimentaros estaba, de hecho, afligida.

Leyó entonces el Arrendajo el informe oficial:

«Nuestra cuidadora parece incapaz de posarse y descansar como cualquiera de nosotros lo hace. Permanece mentalmente activa después de la puesta del sol y manifiesta excesiva preocupación por asuntos que escapan a su gobierno. Visita con frecuencia sucesos ya pasados y anticipa otros que aún no han llegado. Por tales razones le es imposible alcanzar sueño satisfactorio.»

Oyóse un suspiro colectivo y hasta el señor Toti se mostró conmovido.

—¿Y qué haremos ahora? —preguntó un gorrión.

Nadie supo responder y por ende, prolongóse la reunión hasta la caída de la tarde. Mas cuando las aves comenzaron a ocupar sus lugares para pasar la noche, el pequeño gorrión tuvo una nueva idea.

—Mostrémosle.

—¿Mostrarle qué? —preguntó el Arrendajo.

—Cómo dormimos.

La propuesta fue aceptada sin oposición. Aquella noche participaron todas las aves del jardín. Los gorriones escondieron sus cabezas bajo las alas. Las tórtolas se acomodaron en mullidos aposentos de plumas. Los Totis se equilibraron en las ramas con admirable naturalidad. Hasta el Arrendajo dejó a un lado su dignidad y se entregó al sueño.

Como era habitual en los miembros de este conclave, ningún ave se inquietó por la llegada de las semillas del día siguiente ni recordó los errores de la víspera. Nadie se preguntó si habría lluvia o viento. Todas confiaron simplemente en la mañana.

Y entretanto la servidora observaba a través de la puerta de cristal. Una cerca llena de gorriones durmiendo, una baranda cargada de tórtolas. Un árbol entero ocupado por Totis. Alla afuera, el mundo estaba en paz. Y por un breve instante comprendió.

No cómo dormir; para tal lección habría de pasar todavía mucho tiempo. Mas comprendió por qué.

A la mañana siguiente el desayuno volvió a llegar con retraso. El sistema de distribución de semillas continuó siendo imperfecto. Y el servicio de agua sufrió nuevas interrupciones.

Reunióse otra vez el Parlamento. Llamó el Arrendajo a votación.

Y después de largas deliberaciones fue inscrita la resolución final en los anales del Plumoso Reino:

«Su Mayordomía es culpable de diversas deficiencias administrativas. Sin embargo, este Parlamento reconoce circunstancias atenuantes. Asimismo, queda probado que la servidora siente verdadero afecto por las aves. Por tanto, conservará su cargo.»

La moción fue aprobada por unanimidad. Sólo el pequeño gorrión pidió añadir una observación final. “Se preocupa demasiado.”

Y por una vez, ni una sola ave mostró desacuerdo.

BACK